Desde joven, Oscar soñó en grande. Cuando partió a España, su maleta iba cargada de miedos, ilusiones y una determinación férrea.
Fue allí donde comenzó a esbozar su destino, al conocer a Cristóbal Balenciaga, maestro de la alta costura. Aquella experiencia marcó sus primeros pasos, pero su ambición lo llevó más lejos: a París, donde pulió su visión y se abrió paso entre los nombres más prestigiosos del mundo de la moda.
Pero Oscar no se olvidó de su origen. Cada diseño, cada costura, llevaba impresa la alegría y el color del Caribe. Con cada vestido, no solo elevaba su nombre, también enaltecía a República Dominicana.
Hizo que nuestra isla brillara en las grandes capitales del mundo, llevando nuestra bandera al corazón de la moda internacional.
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